martes, 15 de junio de 2010


Llamar a la puerta y no responder.
Beber una taza de té y recordar que finalmente pude olvidarte. Que no eras más que pura filtración, un tanto escasa y taciturna para mí. Porque ya no esperaré tu llamada. No siento nada, hago las maletas y dejo todo en los cajones. Olvidando, y reescribiendo la historia de lo que fue, de lo que es y de lo que pudo ser. Un instante, y, más que nada, acabaste siendo un simple sueño.


El sol, por primera vez, adelanta su paso y surge por el Oeste. Pero qué más te da, tú sólo quieres oír palabras sordas y mientes cuando dices que nunca.... que nunca eso.


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